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14 octubre, 2011

Oda a Friducha

He dormido con los ojos abiertos
y las manos me temblaban.
Las piernas no eran dos pilares,
era una columna rota.

Era una parte lo que el agua me dio
y por otra, solo un habitante.
Mi cabello se enredaba en mi cuello 
y no eran unos cuantos piquetitos.

Caía muy al estilo de Dorothy
delirante, perdida, 
viendo mi vestido colgado ahí.

De tu sangre goteando
de venas cortadas
conectándose como choques eléctricos 
en mis pupilas
que atraviesan las arterias ciliares
directo a mi flujo sanguíneo.

Rojiza tu fortaleza,
descarnada,
nunca pintaste tus sueños 
sino tu propia realidad.

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